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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 16

de agosto de 2017

PERFILES

Coronel Pedro Portillo

Fue uno de los grandes forjadores de nuestro país. Combatiente en las batallas de San Francisco, Tarapacá y Arica; prefecto de Ayacucho y Loreto en los años de la reconstrucción; ministro de Guerra y de Fomento y Obras Públicas; senador por Loreto, explorador insigne, geógrafo, cartógrafo, constructor de puentes fluviales, comisarías y escuelas. En suma, un visionario descubridor de horizontes. Sin embargo, poco o nada se le recuerda. La semana pasada se cumplieron 101 años de su partida.

6/8/2017


Domingo Tamariz Lúcar

Periodista

Pedro Portillo Silva nació en la Villa de Huaura, Lima, el 1 de agosto 1856. Sus padres fueron Juan Pablo Portillo y doña Juliana Silva. No se cuenta con datos significativos de su niñez. Sus biógrafos describen su vida y milagros a partir de sus 23 años, que fue cuando nuestro personaje se alistó en el Ejército para defender la soberanía de su patria en la Guerra del Pacífico.

Marchó al sur integrando la división del general González de la Cotera; en ese devenir, participó en las batallas de San Francisco y Tarapacá, y luego, como oficial de artillería a órdenes del coronel Bolognesi, destacó como uno de los valerosos defensores de la plaza de Arica (7 de junio del 1879). Estuvo presente asimismo en la resistencia organizada contra la ocupación chilena.

Terminada la guerra, colaboró con los gobiernos de Piérola, López de Romaña, Pardo y Billinghurst. Primero, como subprefecto de Chancay y, luego, como prefecto de Ayacucho (1896), departamento en el que hizo sus primeros viajes de exploración en zonas inexploradas. Con el reconocimiento adquirido, habilitó importantes vías de comunicación; construyó varios puertos fluviales (Huaura y Bolognesi, en las márgenes del Apurímac; Carranza sobre el Mantaro, y Raimondi en la confluencia del Tambo y el Urubamba).

En el amanecer del nuevo siglo, el presidente López de Romaña lo nombró ministro de Guerra, y al año siguiente, prefecto de Loreto, un departamento del que la inmensa mayoría de peruanos conocía solo de oídas y del que se contaban leyendas alucinantes, que dejaban maravillados a los limeños. Era la época del boom del caucho, años en los que Iquitos vivió un auge y una prosperidad sin precedentes. El coronel Portillo salió de Lima el 15 de abril y llegó a Iquitos el 4 de junio de 1901.

Como prefecto realizó un trabajo notable, aparte de las labores propias de su función: exploró en misión de estudio los ríos amazónicos –Marañón, Amazonas, Yaraví, Putumayo, Napo– y la parte baja de los ríos Tigre, Morona, Pastaza, Potro y Cahuapanas, así como todo el Bajo Ucayali. Navegó la región del río Pichis, el pongo de Manseriche, la cuenca del río Perené, ora en canoa, ora en balsa o lancha. Estudió la navegabilidad de estos ríos, las distancias que los separaban de Iquitos y las condiciones sanitarias de las zonas visitadas. Levantó, además, planos de las regiones que ellos bañan.

Se acercó a los nativos llevándoles medicinas y herramientas. “Y fue un misionero laico que en lugar de la Biblia llevó los códigos para leer y enseñarles, y las Winchester para hacerse respetar”, apunta el periodista e historiador Jorge Donayre.

Además, defendió los límites peruanos en territorios en litigio, repeliendo la penetración ecuatoriana y colombiana en las cabeceras de los ríos Napo y Putumayo. Gracias a sus celos se obtuvieron sendos triunfos en las acciones de Angoteros (1903) y Torres Causana (1904). En esa sagrada misión estableció puestos fronterizos y construyó escuelas; obra suya fueron, entre otras, la comisaría de Tarapacá en el Putumayo y la subcomisaría de Arica y el caserío de Tacna. Pero eso no fue todo: elaboró el Mapa General del Perú y participó en la edición del Atlas de Loreto que, a decir de los entendidos, es todo un monumento biblio-geográfico.

Luego fue ministro de Fomento y Obras Públicas (1906), senador por Loreto (1912) y nuevamente ministro de Fomento (1912) en el tormentoso gobierno de Billinghurst.

Sus biógrafos lo describen como un hombre culto e ilustrado, de carácter sencillo y amable, que despertaba simpatías en todos los lugares adonde llegaba. Fue, además, un político honesto; tanto, que un buen día –de 1910– el senador arequipeño Juan José Reinoso exclamó en el Parlamento: “Ha sido prefecto en Loreto, y ha regresado pobre”.

Víctima de una penosa enfermedad, el coronel Portillo falleció en Lima, en la paz de su hogar, el 15 de junio de 1916. Contaba con 60 años. Para perennizar su memoria, el 2 de julio de 1942 se dio su nombre a una extensa provincia de Loreto.