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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 26

de julio de 2017

DÍA DEL MAESTRO

El desafío de ser docente hoy (*)

En la Edad Media al maestro se le escuchaba porque la transmisión de la información era oral, por eso debía tener buena voz y cultivar la oratoria. El mejor profesor era quien mejor hablaba. Cuando apareció el libro se necesitó aprender a codificar y decodificar signos, y seleccionarlos, para comunicar pensamientos o emociones. Acceder a la información exigía saber leer para recibirla, y poder escribir para transmitirla.

6/7/2017


Guillermo Sánchez Moreno

Asesor del Consejo Nacional de Educación

El profesor fue entonces quien mejor enseñaba a partir de un texto escrito que contenía información; además, desempeñó el rol de representar a la autoridad y enseñar a cumplir las reglas establecidas. El mejor profesor en esa época enseñaba a leer, escribir y obedecer.

Con la Revolución Industrial, el maestro pasó a ser trabajador de la educación. Era un asalariado que ejecutaba lo que se le ordenaba en lo que algunos llamaron ‘cadena de producción de la enseñanza’. En la década de 1970 aparece, esta vez en algunos países de nuestro continente, el maestro tecnólogo. Se consideró mejor profesor a quien diseñaba, según las pautas establecidas, los objetivos conductuales y los podía concretar en sus estudiantes, verificándolo en los cambios de conducta observables. El profesor asumió entonces el rol de operador del patrón establecido.

En los últimos años, según Mike Einsenberg, internet reestructuró la información en formatos nuevos y cambió nuestra forma de acceder a ella: ahora interactuamos con la información y la encontramos con buscadores no temáticos o temáticos y en diferentes programas multimedia. El maestro tuvo que cambiar su desempeño: él y sus alumnos necesitaron aprender a seleccionar, criticar y usar la enorme información virtual disponible. Antes se guardaba la información en la memoria, ahora se opera sobre aquella. Cambió el modo de satisfacer el proceso de adquirir información, pero no la necesidad de hacerlo.

El mejor profesor en esta época será entonces quien tenga actitud de aprender y diferenciar; que sea capaz de dudar, ser curioso e imaginar; de ayudar a sus alumnos a criticar objetivamente, sin pasión ni depresión; a innovar con lo que tiene y a arriesgar en lo incierto; a buscar y seleccionar información, confrontarla con la realidad y compartirla; a decidir y actuar sin disponer de todos los datos que otros consideran necesarios; a ser capaz de escuchar y valorar al diferente; a expresar y admirar; a manejar la tecnología y los nuevos conceptos; a disfrutar del ocio y a aprovechar el tiempo; a aprender de los errores propios y ajenos, sean personales o institucionales: y, como consecuencia de ello, aprender a desaprender lo que ha hecho durante toda su vida profesional y a aprender a ser solidario y visibilizar lo otro y al otro, preocupándose porque todos vivan dignamente y sean artífices de su propio destino. Es otra época.

(*) Del libro Construyendo la carrera del maestro. Perú 2001-2014. Avances y tropiezos (Lima, 2016).