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Año del Buen Servicio al Ciudadano
VIERNES 18

de agosto de 2017

UNA VIDA DETRÁS DE LA PINTURA

El hogar de Frida

La Casa Azul, la residencia donde nació y vivió Frida Kahlo y compartió con su esposo, Diego Rivera, es uno de los puntos obligatorios de quienes visitan México.

5/8/2017


Ernesto Carlín

ecarlin@editoraperu.com.pe

Coyoacán es el barrio bohemio e intelectual de Ciudad de México. Ha sido elegido como lugar de residencia de numerosos artistas y personajes famosos. Entre ellos están los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera.

Su hogar, conocido como la Casa Azul por la pintura de sus paredes exteriores, es una de las paradas obligadas de quienes llegan por estos lares. Hoy es un museo dedicado a recordar el día a día de la famosa retratista, pero su origen se remonta a varios años antes del matrimonio Rivera Kahlo.

Trazos de vida

La actual Casa Azul ocupa el predio familiar de Guillermo Kahlo, padre de la pintora, más un terreno aledaño comprado por Rivera y su esposa en la década de 1930 en el que diseñaron un bello jardín. El motivo de esa ampliación era hacer el hogar más seguro, puesto que tenían como huésped a un visitante ilustre: León Trotski.

Se cuenta que en esta casona ubicada en la calle Londres 247, Coyoacán, nació en 1907 la pintora. Hacía tan solo dos años se habían mudado aquí su familia. Su padre, un fotógrafo de origen húngaro-alemán, hizo regular fortuna durante el largo gobierno de Porfirio Díaz.

Sin embargo, ese capital se diluyó durante la Revolución Mexicana y por las atenciones médicas que tuvo Frida desde muy pequeña. Tiempo después, Diego Rivera pagó las hipotecas que pendían sobre la residencia, convirtiéndola en uno de los sitios donde convivió con su esposa.

Uno de los atractivos de esta casa-museo es encontrar diversos hitos de la existencia de la célebre artista. En la infancia sufrió poliomielitis y en los inicios de su juventud tuvo un aparatoso accidente vehicular que afectó su columna.

Estos hechos dejaron en ella huella y se pueden rastrear en la Casa Azul. Se encuentra por ejemplo su cama con el espejo en el techo, colocado allí durante los nueve meses que estuvo inmovilizada por el accidente. Esta particularidad le permitió iniciarse en el autorretrato.

Un país en casa

Pero no es lo único que se podrá fisgonear de la intimidad de la pareja. Las fotos y recuerdos de amigos que, según se cuenta de boca en boca, eran más que cercanos, están en casi todos los rincones. La colección de mariposas del escultor nipón Isamu Noguchi es un ejemplo de ello.

Pero para entender el universo creativo de Kahlo y su cónyuge hace falta también conocer la pasión de ambos por la cultura popular de su país. Una pared está cubierta de exvotos de fines del siglo XIX e inicios del XX, señal de su gusto por el coleccionismo. Los exvotos son ofrendas hechas en agradecimiento de algún milagro y que exhiben la sensibilidad y devoción de las clases populares mexicanas.

Existen numerosos elementos que hablan de la inclinación de esta pareja por lo tradicional de su país. Por ejemplo, la cocina luce sus ollas de barro colgadas de las paredes.

Asimismo, varias de las habitaciones de esta casa-museo lucen una selección de cuadros, lo que permite tener una idea de la evolución del trabajo de Kahlo y apreciar algunas influencias que tuvo. Acabado el recorrido, también se puede disfrutar del amplio jardín. En él se hallan varias piezas de la colección de arte prehispánico de Diego Rivera.

Hogar de todos

En la Casa Azul, el matrimonio formado por Diego Rivera y Frida Kahlo gustaba de agasajar a sus numerosos amigos. Muchos de ellos pasaron alguna temporada entre las paredes de este lugar.

Aunque el nombre más famoso que viene a la memoria de entre los huéspedes es el de León Trotski, la lista incluye muchos más. André Breton, José Clemente Orozco, Sergei Eisenstein, Gisèle Freund y muchos más desfilaron por este lugar.

El Dato

1,200    metros ocupa la Casa Azul. 800 están construidos.