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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 16

de agosto de 2017

SÉTIMO ARTE

Imágenes de un continente

El Festival de Cine de Lima, especializado en América Latina, entrega hoy sus premios oficiales. Este año hubo funciones con todas las localidades vendidas para películas en quechua y aimara.

12/8/2017


Ernesto Carlín

ecarlin@editoraperu.com.pe

El 21º Festival de Cine de Lima llega hoy a su fin luego de intensos días. Aunque esta noche recién se sabrán los nombres  de los ganadores de los premios oficiales, un balance rápido de las películas en competencia revela que estuvo pareja la calidad de la selección.

Han sido frecuentes los llenos para varios filmes, en especial los peruanos. Se ha visto el hecho inédito de salas comerciales en Lima con todos los asientos ocupados para ver una película casi enteramente en quechua, como Retablo, de Álvaro Delgado Aparicio –representante peruano en la competencia oficial de ficción–, o Wiñaypacha, de Óscar Catacora, hablada en aimara y presentada en una muestra paralela.

Llenos similares se dieron con otros títulos. Como es habitual, los más solicitados fueron los filmes brasileños y argentinos, pero también hubo de otras nacionalidades que se colaron entre las más solicitadas. La cinta chilena Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio, que aborda el tema de las mujeres transgénero, fue una de ellas.

Experiencia similar se ha vivido en varias de las subsedes del festival en ciudades del interior, como Cusco, Trujillo, Pucallpa o Tacna, entre otras más. Marco Mühletaler, director adjunto de este encuentro cinematográfico explicó al Diario Oficial El Peruano que cada vez se profesionalizan más los programadores y saben qué es lo que está buscando su público objetivo.

Escapando de la sala

Pero el festival va más allá de las butacas y el ecran. Por ejemplo, este es el tercer año que, en convenio con el Inpe se proyectan películas de este evento del Sétimo Arte en los penales.

Mühletaler refirió que fue emocionante llevar el documental peruano Rodar contra todo, de Marianela Vega, a Lurigancho, la cárcel más hacinada del país. El vocero explicó que el filme tiene un mensaje de superación y que narra la historia de un equipo de rugby de discapacitados.

Las actividades de los invitados internacionales no se limitaron a lo académico y a lo estrictamente cinematográfico. En los primeros días, Atom Egoyan, director canadiense de origen armenio y homenajeado principal de este año, visitó el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social. El tema del pasado es uno de los más caros del cineasta de Exótica.

Lo acompañó en su visita la actriz Arsinée Khanjian, su esposa, también de origen armenio. Ella comentó al Diario Oficial El Peruano que lo que más le llamó la atención del festival limeño es la dedicación con la que se atiende a los invitados. Esta hospitalidad se manifiesta, como no podía ser de otra manera, en la gastronomía.

De acuerdo con los anfitriones, se organizan catas de pisco y recorridos por restaurantes para que conozcan este aspecto de la capital. Sin embargo, varios de los visitantes vienen con su lista de pedidos específicos. Los más comunes son el restaurante Central, de Virgilio Martínez –uno de los mejor clasificados en el mundo–, y los que dirige el conocido chef Gastón Acurio.

Sin embargo, algunos vienen con solicitudes de huariques más rebuscados que ni los mismos anfitriones conocen. Este año les tocó descubrir, gracias a uno de los participantes internacionales, una cebichería de barrio de Pueblo Libre. Otro pedido recibido este año fue conocer el museo Rafael Larco, del mismo distrito.

También se ha visto a gente del sétimo arte paseando por otros sitios emblemáticos. El cineasta Pablo Trapero, ganador hace unos años del premio principal del festival por Leonera, acudió en estos días al bar La Noche de Barranco, junto con su esposa, Martina Gusmán. En el otro extremo de la ciudad, el cineasta venezolano Lorenzo Vigas paseaba por el conjunto de galerías de Callao Monumental.

Detrás de cámara de un premio

Anoche, como todos los años, la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (Apreci) entregó el premio a mejor película, que otorga la crítica local. Por segunda vez me tocó participar como jurado en este certamen. Me acompañaron los colegas y amigos Ernesto Zelaya y Mario Castro Cobos. Para el recuerdo quedará que la premiada fue el largometraje venezolano La familia, de Gustavo Rondón Córdova, y la mención honrosa para Medea, de Alexandra Latishev.

Para llegar a esa decisión, más allá de las disfrutables horas frente a la pantalla grande viendo los 18 largos en competencia, hay que sumar las horas que pasamos discutiendo nuestros gustos. Un debate por momentos acalorado en los que tuvimos, después de barajar varios nombres, la dolorosa obligación de escoger solo a un ganador y lamentar no tener más premios que repartir. Hasta el próximo festival.