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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 22

de julio de 2017

PERSONAS

La caducidad del “yoísmo”

El contexto era el siguiente: habían pasado dos guerras mundiales, las religiones dominaban la mente de las personas mucho más que ahora, las personas solían reprimir sus deseos y necesidades personales por hacer lo que sus padres, la familia, la Iglesia, la patria, las costumbres imponían y, al final, teníamos personas que no asumían con libertad y responsabilidad sus vidas, sino que vivían según el estándar familiar y cultural de su tiempo. A algunos les resultaba, a otros no y estos últimos solían ir a parar al diván de algún psicoanalista de la época.

8/7/2017


Manuel Arboccó

Psicólogo - Profesor Universitario

De pronto, pasadas esos tiempos de miedo, culpa y represiones, aparecieron los psicólogos y dieron pelea a esa forma tan limitada de vida. Llegaron las invitaciones a vivir nuestra vida, a pensar por nosotros y en nosotros y a darnos cuenta de nuestra singularidad: “yo soy yo, tú eres tú”, “yo soy primero”, “tengo derecho a hacer lo que yo necesito”, y muchas otras frases se empezaron a poner de moda en una sociedad donde el hombre se había colocado en un segundo lugar frente a los imperativos éticos nacionales, religiosos y familiares. Y pensamos que eso estuvo bien, en ese momento.

Pero hoy ya no funciona más. Hemos abusado de esos “yo quiero…”, “yo necesito…”, “yo pienso primero en mí…”. Por eso hablamos de ese “yoísmo” que observamos en muchas personas.

Por ejemplo, en muchas familias los hijos solo desean hacer lo que quieren y olvidan que también deben hacer ciertas cosas (responsabilidades). Los hijos tienen también responsabilidades frente a su hogar, se deben a sus padres mientras estos los acogen en casa y los mantienen. Pero muchos hijos han sido formados para ser unos engreídos, majaderos y malagradecidos, incapaces de limpiar el baño, de preparar un desayuno para sus padres. Estas actitudes no sirven, no afianzan vínculos, no fortalecen el concepto de familia, no suman.

En las escuelas (y universidades) los chicos no quieren obedecer a sus maestros, no desean hacer tareas ni recoger la basura del piso que ellos mismos tiran, “para eso está la que limpia”. Es muy probable que muchos solo sean el modelo de sus padres, esos mismos padres que no cumplen sus obligaciones, no cumplen con el Estado, no crían de forma oportuna e inteligente a los hijos que han traído al mundo,

Hay también centros universitarios donde se forma a los muchachos –que ya llegan pensando solo en ellos- con una mentalidad de éxito empresarial al más puro estilo egoísta, mercantilista y material. Capitalismo al estilo más salvaje posible. Los valores sociales, ambientales y éticos son poco importantes y lo que sí importa es que tengas tu empresa y seas rico en el menor tiempo posible. Si contaminas el ambiente, engañas al Estado o no brindas los salarios justos, es lo de menos. Todo eso se arregla con un abogado.

Dejemos, los que alguna vela tenemos en esto, de seguir malogrando las cosas cuando invitamos a la gente a que solo se vean a sí mismos, es conocido que algunos psicólogos y ahora los advenedizos “coachs” solo trabajan la importancia del yo (tú primero, tú segundo y tú tercero).

El mundo ya no soporta más egocéntricos ni narcisistas. Necesita gente que sin dejar de lado sus convicciones, sus necesidades y sus deseos, sea capaz de vivir en comunidad, de vivir con otros (sea en una casa, un edificio, una empresa o una escuela).

La convivencia es difícil, eso ya se sabe, pero entrar a un grupo con la absurda idea de que “solo soy importante yo y mis deseos” llevará finalmente al choque más brutal y triste, y quizá a la separación. Hoy vemos muchachos en cuya escuela ya nadie los soporta, igual pasa en los edificios de departamentos con vecinos impresentables y en las oficinas con empleados muy problemáticos.

El yoísmo ya cumplió su propósito, ya caducó. Ya no es útil en estos tiempos.

Es muy significativo que “en el país de la libertad”, Estados Unidos, haya solo una estatua de la Libertad y no una estatua de la Responsabilidad como alguna vez el logoterapeuta Viktor Frankl lo propuso. La gente grita en las calles –aquí y allá– por sus libertades, nunca he escuchado que salgan a las calles a gritar por sus responsabilidades. Responsabilidades como padres, como hijos, como estudiantes, como docentes, como empleados y como jefes, como autoridades y como amigos. Finalmente, responsabilidades como humanos.

Si solo pensamos que somos el ombligo del mundo y que solo importan mis necesidades y mis objetivos, es probable que nos volvamos unos narcisistas engreídos e insoportables y que nos quedemos solos o que nuestros vínculos sean pobres, pues dos egoístas no hacen una pareja ni una familia ni una empresa.