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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 16

de agosto de 2017

LITERATURA

Libros para el bienestar

Medio millón es la cantidad de visitas que tuvo la Feria Internacional del Libro de Lima este 2017. ¿Qué espera el público de un evento así? Me importa responder esta pregunta en relación con los libros y los autores.

11/8/2017


Juan Manuel Chávez

escritor

Luego de pagar una entrada, imagino que lo primero que desean de los libros es que luzcan un precio menor en la feria que afuera y se oferten las novedades. Una feria sin descuentos ni liquidaciones sería el mero negocio del agrandamiento aritmético de la librería más surtida; o peor todavía, pues a nadie le cobran por visitar esos locales.

Una feria es un mercado, en el sentido más nostálgico del término: se toca y prueba, se negocia; impera el alboroto. Los visitantes deben percibir que la feria no es estática, que cambia de una fecha a otra y las reglas económicas como el precio fijo se relajan. Abundan las horas en que se camina a empujones y ratos en que la logística de la organización falla; surgen los reclamos o las censuras. Está planificada con meticulosidad para producir una sensación de espontaneidad; hay margen para el asombro.

En la feria del 2017 había que escabullirse entre escabullidos para alcanzar un ejemplar en las mesas de remates. Hubo remates y ofertas incluso para las novedades. Se impuso la generalidad de una experiencia festiva y reconfortante con la oportunidad de adquirir libros a precios competitivos, o flechar descubrimientos. El éxito será completo cuando, además de comprar estos libros, los leamos y busquemos más.

Con el pago de una entrada brotan los anhelos de ver e interactuar con los autores de la feria. Cada año es mayor el prestigio de los invitados literarios. Y estos, que participan en varias presentaciones, se dan tiempo para conversar con la gente y tomarse fotos; el ambiente incita a la camaradería. La feria no es para impacientes ni apurados; convertida en un evento masivo, las colas para ingresar son tan extensas como las colas para conseguir la firma de un escritor.

El protagonismo de la literatura, en tanto estrella de las publicaciones globales, limita la figuración de otras ramas, como la divulgación científica o el resto de humanidades. La feria tiene el desafío de ampliar su marco de invitados especiales para garantizar la voz de prosistas e investigadores que, junto con sus libros, están del otro lado de la novelística o la poesía. Podemos ayudar a movilizar el Perú con hallazgos de múltiples disciplinas.

Décadas atrás, las Fiestas Patrias se resumían en la bandera sobre el techo, así como el recorrido por la Feria del Hogar en San Miguel y la tarde de circo. Las banderas todavía flamean entre julio y agosto, lo que ha cambiado es el tipo de carpa sobre el parque: ya no vamos por bestias encerradas, sino por libros abiertos en una feria que es un emprendimiento en torno a la cultura para los hogares. El progreso de la Feria Internacional del Libro de Lima, sostenido en los últimos años, es un indicador comercial y afectivo de que estamos desarrollando mejores formas de bienestar.